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Desigualdad: ¿Cómo vamos?

El auge económico que experimentó el país hasta el 2013 creó condiciones favorables para reducir la desigualdad.

Ello generó oportunidades para que millones de personas mejoren sus condiciones de vida y para la reducción de algunas dimensiones de la desigualdad en el Perú.

Sin embargo, los logros en la reducción de la desigualdad han sido limitados, pese al considerable crecimiento económico. Por ejemplo, aunque el Perú fue el segundo país de Latinoamérica con mayor crecimiento económico per cápita entre el 2000 y el 2014, apenas ocupó el puesto 16 por mejora en el Indice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas, que mide los avances en esperanza de vida, escolaridad e ingreso familiar.

Los retos de la desigualdad siguen siendo inmensos en el Perú, y siguen afectando el nivel de vida de sus ciudadanos y ciudadanas.
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“No solo hay que reconstruir los efectos del desastre, sino las causas”

Por: Noemí Melgarejo | Foto: PREDES
miércoles 31 de mayo del 2017

En marzo del 2017, diversas zonas de nuestro país fueron afectadas por huaicos e inundaciones, donde muchas muchas familias lo perdieron todo. El Gobierno ya puso en marcha un plan de reconstrucción, pero ¿es suficiente? ¿qué otras medidas preventivas se necesitan para hacer frente a los desastres? En el Día Nacional de la Prevención de los Desastres, Actúa.pe conversó con Gilberto Romero, Presidente del Consejo Directivo del Centro de Estudios y Prevención de Desastres (PREDES).

¿Realmente el Gobierno cuida a su gente o recién se preocupa cuando hay desastres?

Hay muy poca atención en la prevención. En los últimos años ha habido poco desarrollo de capacidades en los preparativos para afrontar situaciones de desastres. Hay un déficit en el campo de la gestión de riesgos. Y la prevención tiene que ver con modificar las causas por las cuales tantísima gente está en las condiciones de vulnerabilidad, propensas a sufrir daños y pérdidas con diferentes eventos que ocurren anualmente en el territorio peruano. Tenemos que desarrollar una nueva actitud basada en el conocimiento y en la forma en que actúan los eventos naturales, así como tomar conciencia sobre el riesgo que tenemos frente a ellos.

¿El Gobierno invierte en prevención y reducción de riesgos?

En realidad, en estos dos campos hay muy poca inversión. La primera se refiere a evitar que se generen nuevas condiciones de vulnerabilidad y de riesgo; y la segunda, a reducir los factores de riesgos ya existentes. Si vemos el programa presupuestal que se creó hace seis años para el tema de vulnerabilidad y atención de desastres, el mayor porcentaje de los presupuestos que dedican las instituciones científicas, los gobiernos regionales y locales están enfocados en “preparativos para desastres”, pero para la prevención o reducción de riesgos ya existentes, de manera sostenida y a largo plazo, no. Eso es deficitario en nuestro país.

Cuando hay desastres, muchas autoridades “le echan la culpa a la naturaleza”, ¿esta es una forma de evadir responsabilidad por no invertir en prevención?

Sí, es como quitarse la responsabilidad, no sé si consciente o inconscientemente. Las autoridades siempre se acuerdan de que hay desastres cuando, por ejemplo, alguien anuncia que se viene un Fenómeno del Niño, pero después se olvidan de que sucedió. Es decir, ellos no esperan que ocurra otro Niño hasta después de 15 o 17 años, pero en ese transcurso de tiempo, no se hacen los cambios que tendrían que hacerse para mejorar la seguridad en la que vive la gente. Sobre todo en las zonas urbanas donde el crecimiento poblacional es vertiginoso y la ocupación de la gente es caótica. Las autoridades locales no tienen un control adecuado para tratar esto.

 ¿Las medidas que actualmente está tomando el Gobierno para la “reconstrucción del país”, deben ser a corto o largo plazo?

Debe ser a largo plazo. Un proceso de reconstrucción no va a durar tres años, tal como el Gobierno ha trazado en su cronograma. Yo entiendo que el plazo que se ha propuesto encaja dentro de su período gubernamental, pero nadie va a pensar que en ese tiempo se va a reconstruir toda la infraestructura y se va a dotar de vivienda segura a tantísima población que la necesita. Este es un programa que tiene que ser a largo plazo. Tiene que ser pensado con una perspectiva de desarrollo a futuro. No solo hay que enfocarse en las zonas donde ocurrieron los desastres para reconstruir los efectos, es decir, en reconstruir las viviendas que se dañaron, es necesario más bien, reconstruir las causas, y muy probablemente las causas están lejos de las ciudades. Por ejemplo, si una ciudad como Piura o como la cuenca del Rímac ha tenido problemas, las causas están en la parte alta de las cuencas. Es decir, si estas son cuencas deforestadas y no tienen ningún manejo y tratamiento, hay un descontrol sobre los recursos hídricos y forestales. Entonces, lógicamente, los ríos vienen cargados y se desbordan en las partes bajas, que es donde están las ciudades. Hay que trabajar las cuencas altas, pero hay que tener visión territorial y trabajar a largo plazo para que no suceda lo mismo que pasó hace poco en nuestro país.

¿Entonces no hay que reconstruir sólo los efectos, sino también las causas?

Exactamente. Hay que enfocarse en las causas. Cualquier proceso de reconstrucción se debe hacer con prevención, porque no se puede reconstruir en las mismas condiciones que nos condujeron al desastre. Tiene que ser nuevas condiciones de seguridad para las personas que fueron afectadas.

¿Qué es mejor, la prevención o la reconstrucción?

Siempre es mejor la prevención. Cuando ocurre un desastre, uno nunca logra resarcir las pérdidas que hubo. Hay un porcentaje de recuperación, pero hay cosas que definitivamente no se pueden recuperar. Esto va más allá del dinero que se invierte, incluso si fuese donado, el tiempo que la gente ha pasado en condiciones de emergencia, en refugios, privados de alimentos y de las condiciones de salud que se requieren, no se recupera nunca más. Es una experiencia trágica vivida, es un retroceso, aunque luego viniera una nueva vivienda o un nuevo trabajo. Por eso es mejor evitar, en el modo posible, sufrir un desastre que esperar que la reconstrucción recupere las cosas perdidas.

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